martes, 20 de octubre de 2020

Bernstein-Beethoven: Missa Solemnis.


 

Ludwig van Beethoven

MISSA SOLEMNIS, Op. 123

Edda Moser, Hanna Schwarz, René Kollo, Kurt Moll (Solisten)

Rundfunkchor Hilversum

Koninklijk Concertgebouworkest Amsterdam.

Dir: Leonard Bernstein.

(DG)

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   Homenaje doble en ésta oportunidad, tanto a Leonard Bernstein a 30 años de su partida, como a Beethoven en el marco de sus 250 años.

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   La Missa Solemnis fue compuesta por Beethoven entre 1819 y 1823, más o menos en paralelo al desarrollo de la Novena Sinfonía. La misma está dedicada al Archiduque Rodolfo, con motivo de su elevación al arzobispado de Olmütz. Beethoven estrenó partes de la Missa Solemnis en Viena, el 7 de mayo de 1824, aunque una interpretación completa de la obra tuvo que esperar hasta 1830, ya fallecido el compositor. Para el momento de la creación de la Missa Solemnis, la sordera de Beethoven era ya completa, por lo que las enormes e inéditas complejidades que plantea la obra provienen de ese lenguaje musical proveniente de las profundidades de un alma atormentada, coincidente en los retos y dificultades con sus últimos cuartetos de cuerdas. En 1882, el ¨Musical Times¨ catalogaba a la obra como ¨Trabajo imposible...no hay pulmones humanos capaces de superar tan enormes exigencias vocales¨.  El surgimiento de cada vez mejores voces y orquestas ha roto todos esos diques, colocando a la Missa Solemnis a la par de la Misa en Sí menor de Bach. 

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    La primera grabación de la Missa Solemnis data de 1928. Toscanini logró colocarla en 1940 y a partir de entonces cada gran beethoveniano procuró dejar su testimonio, con la notable excepción de Furtwängler, quien nunca creyó poder alcanzar los estándares exigidos. La grabación de Klemperer para EMI es para muchos aún la gran referencia con la cual comparar a las demás. Leonard Bernstein grabó la Missa Solemnis durante sus años al frente de la Filarmónica de New York, pero sin duda su testimonio a tomar como referencia es su grabación de madurez en Amsterdam.

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    En palabras del propio Bernstein, la Missa Solemnis de Beethoven era una de sus obras más reverenciadas, asociando varias de sus partes con su propio concepto de la muerte, de la partida de éste plano. No en vano es una de las más altas cúspides de su ciclo Bernstein-Beethoven y una de sus grabaciones mejor planificadas. Considerándose dentro de sus límites como idiosincrática, Bernstein nos deja en Amsterdam un registro monumental que pone al escucha a apreciar las verdaderas magnitudes de un viaje dentro de la creación beethoveniana. A diferencia de otras ocasiones, Lenny a pesar de su idiosincrasia no cae nunca acá en la autoindulgencia ni en el sentimentalismo ramplón. La plantilla coral es casi la misma maravillosa cuarteta utilizada en la Novena con la Filarmónica de Viena, y la orquesta en ésta oportunidad es la del Concertgebouw de Haitink, tal vez en la cúspide de sus poderes y con su concertino Herman Krebbers particularmente virtuoso. En cierto modo ésta grabación se coloca como antítesis del estoicismo contemplativo de Klemperer, concepto (el de Bernstein) que a mi gusto prefiero. Grabación que hay que tener en toda colección beethoveniana.

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M-S.

jueves, 15 de octubre de 2020

Leonard Bernstein (In Memoriam 30 años): Once Grabaciones Esenciales.












 


 Celebrando a una de las más grandes batutas y figuras musicales del siglo XX, 

a 30 años de su partida física. Gracias por su arte.

martes, 6 de octubre de 2020

El Alma Alemana.

Hans Pfitzner

VON DEUTSCHER SEELE (DEL ALMA ALEMANA), Cantata sobre textos de Eichendorff.

Agnes Giebel, Hertha Töpper, Fritz Wunderlich, Otto Wiener, (Solisten) 

Chor und Symphonieorchester des Bayesrischen Rundfunks.

Dir:  Joseph Keilberth.

(DG).

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     Homenaje a los 30 años de la reunificación alemana, en una nación única, libre y democrática, con una de las obras corales más ambiciosas del siglo XX y de su compositor, Hans Pfitzner.

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     Siguiendo la estética de Schiller y después de la Primera Guerra Mundial, el compositor se embarca en 1921 en una gran cantata basada en textos de Eichendorff, a la cual titula ¨Von deutscher Seele¨, en donde las partes corales y solistas vocales suenan en alternancia con interludios orquestales eminentemente posrománticos, expresando la complementaridad perfecta entre la música y la palabra típicamente germana pero con un tratamiento modernista de la orquestación y del material musical. Para justificar el título, el mismo Pfitzner recurre a las siguientes palabras: ¨No he podido encontrar una mejor definición para éstos poemas que expresan los elementos reflexivos, impetuosos, profundos, tiernos, fuertes y heroicos del alma alemana¨. 

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     La Cantata cuenta curiosamente hasta el día de hoy con muy pocas grabaciones, dados los complejos requerimientos interpretativos, aunque no lleguen a ser los de una 8va de Mahler. Tal vez por las posibles malas interpretaciones nacionalistas que desde el fín de las grandes guerras no tienen buena propaganda. La grabación de referencia sigue siendo al día de hoy la registrada por Joseph Keilberth con la Orquesta de la Radio Bávara, para el sello Deutsche Grammophon. Excelente plantel vocal, coral y con la orquesta ideal. Sin más, sirva como homenaje a esa gran nación alemana que aún hoy, 30 años después de la caída del muro, se reconstruye de las profundas heridas dejadas por los flagelos del nazismo y del comunismo.

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M-S


 

jueves, 1 de octubre de 2020

#Beethoven250: Sinfonía Nr. 8


Ludwig van Beethoven

Symphonie Nr. 8, Op.93

Berliner Philharmoniker

Dir:  Herbert von Karajan

(DG)

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   Y seguimos con nuestro jubileo beethoveniano.

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   La Sinfonía Nr. 8 fué comenzada por Beethoven a fines de 1811 y finalizada en octubre de 1812. El estreno se realizó bajo la dirección del compositor el 27 de febrero de 1814 en Viena. Su estructura, duración y argumentos en formato eminentemente clasicista hacen de la Octava la sinfonía más haydniana de cuantas compuso Beethoven. 

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    En cierto modo desconcierta una obra tan austera y con ánimo de divertimento colocada entre dos gigantes sinfónicos como la Séptima y la Novena. La época correspondiente a la creación de la Octava coincide con un período particularmente turbulento en la vida personal-afectiva de Beethoven y para entender la situación probablemente haya que recurrir a la historia de la 2da Sinfonía y los pensamientos plasmados por el compositor en el Testamento de Heiligenstadt. Se puede interpretar como la calma que precede al cataclismo que se avecina en la siguiente sinfonía, la Novena.

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    En cuanto a grabaciones, realmente no he escuchado alguna versión reprobable o poco solvente. Aunque el Beethoven de Herbert von Karajan es con frecuencia irregular, una de sus más altas cúspides a lo largo de todos los ciclos que grabó siempre fué la 8va, con la que se nota un particular afecto y apego. Su grabación de 1977 con la Filarmónica de Berlín es modélica, en cuanto a modelo interpretativo y calidad sonora y es la propuesta para representar a ésta particular obra.

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M-S.




domingo, 20 de septiembre de 2020

#Beethoven250: Sinfonía Nr. 7.


Ludwig van Beethoven

SYMPHONIE Nr. 7, Op. 92

Wiener Philharmoniker

Dir: Leonard Bernstein.

(DG)

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    En el marco de nuestro jubileo beethoveniano, con la Sinfonía Nr. 7, obra fundamental de todo el repertorio sinfónico.
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    La Séptima fué compuesta entre 1811-12, dedicada al conde Fries y estrenada en Viena el 8 de diciembre de 1813, a cargo del compositor, durante un concierto a beneficio de los soldados heridos en la batalla de Hanau, con excelente recepción.
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    Intentar definir a la Séptima en palabras puede resultar un ejercicio difícil y de interpretaciones variadas. Mientras que con la Tercera apreciamos sus indudables tintes heroicos y libertarios y con la Quinta sus matices premonitorios y de conflicto del ente humano con el destino, con la séptima el mensaje es más velado, más volcado hacia la música absoluta que luego desplegará Brahms en sus partituras. Sin duda en la 7ma predominan elementos de la marcha y de la danza y su impulso rítmico, feroz a intervalos, le imprime matices reivindicativos y triunfales (el declive napoleónico?) que volveremos a apreciar en su última sinfonía, la Novena. Aunque esbozada en torno a sus cuatro movimientos clásicos tradicionales, la obra presenta una estructura cíclica intrínseca y donde el elemento rítmico más que el melódico enlaza todos los movimientos. Es probablemente la más personal de las sinfonías de nuestro gran sordo de Bonn.
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    Grabaciones que la hacen honor a ésta singular sinfonía hay numerosas, pero dada la particular secuencia rítmica de la música se corre el riesgo de abusar con la velocidad. Las grabaciones de Carlos Kleiber, idolatradas por algunos melómanos, se caracterizan por ese arrastre rítmico de gran vitalidad pero que no nos permiten enterarnos de todo lo que está pasando. A mi juicio, la riqueza e ingenio de orquestación de ésta obra se disfrutan mejor con velocidades más moderadas, por supuesto sin llegar a permitir que la música se desinfle y se caiga el conjunto argumental. Toscanini tiene una lectura legendaria (1937) que entiende ésto muy bien. Atendiendo a ésto, creo que grabaciones como aquella de Toscanini ó la genial de Leonard Bernstein con la Filarmónica de Viena, no caen en tentaciones efectistas y se decantan por explotar los elementos más declamativos y filosóficos que encierra ésta gran obra. La grabación que hoy comparto es de su maravilloso y legendario ciclo Bernstein-Beethoven para Deutsche Grammophon, y con mucho mi grabación preferida. Resulta además muy placentero ver el video correspondiente (disponible en YouTube) para apreciar la entrega y entusiasmo con que director y orquesta se encargan de semejante despliegue sinfónico. Para el Panteón.
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M-S.


lunes, 14 de septiembre de 2020

Todo Rach: Rapsodia Paganini.


Sergei Rachmaninov

RAPSODIA SOBRE UN TEMA DE PAGANINI, Op. 43

Cyril Smith, Piano

Philharmonia Orchestra

Dir: Malcolm Sargent.

(GUILD)

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   Continuando nuestro ciclo Todo Rach con la antepenúltima obra del catálogo del compositor.

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    La Rapsodia Paganini es una obra concertante para piano y orquesta, creada como una sola pieza en forma de tema y variaciones. La misma fué compuesta en Suiza entre el 3 de julio y el 18 de agosto de 1934. El estreno correspondió al mismo compositor, acompañado de Leopold Stokowski y la Orquesta de Filadelfia, el 7 de noviembre del mismo año en la Lyric Opera House de Baltimore.

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    La obra es producto de un largo período de silencio en la trayectoria compositiva de Rachmaninov. Posterior a su Cuarto Concierto y sus ¨Tres Canciones Rusas¨ (1926-27), no hubo más música hasta 1931 cuando compone sus Variaciones Corelli para piano solista. La Rapsodia Paganini esperaría hasta 1934, después de la cual sólo vendrían la Sinfonía Nr. 3 (1936) y Danzas Sinfónicas (1940).

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     Como el título sugiere, la Rapsodia está basada en música de Paganini, el gran violinista iniciador del virtuosismo, pero no sólo en un tema paganiniano, sino en su enigmática personalidad, a la que se atribuía incluso rasgos demoníacos que explicarían su legendaria forma de tocar el violín, incluyendo en el desarrollo fragmentos del Dies Irae, antíguo himno funeral (canto de muerte) que también aparecerá en sus dos obras posteriores. La famosa variación XVIII es sin duda el momento más memorable de la obra, por su hermoso, arrollador e hiperromántico lirismo, sólo comparable a los momentos más inspirados de Tchaikovsky, a tal grado que tiene numerosos arreglos y adaptaciones para el cine.

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     Dada la naturaleza de la obra, por supuesto que se presta con mucha facilidad al virtuosismo hueco y superficial, muy típico de las lecturas de hoy en día, sin prestar atención a los aspectos más subrepticios, simbólicos y siniestros que encierra la partitura. Prácticamente cada pianista famoso ha dejado su testimonio en ésta obra, no tantos con el éxito esperado. Para apreciar la obra en todos sus aspectos es recomendable ir a grabaciones del pasado. La misma versión del compositor con Stokowski es reveladora, aunque tal vez algunos pianistas de tiempo completo llegaron más allá. Propongo la rara grabación de Cyril Smith, acompañado de Sir Malcolm Sargent al frente de la Orquesta Philharmonia, grabación de 1948, transferencia del LP original, y que expone en equilibrio las partes más luminosas pero también las más negras de ésta, una de las partituras más importantes y hermosas del repertorio.

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M-S

 

lunes, 7 de septiembre de 2020

Ross Edwards: Da Pacem Domine

 

Ross Edwards  (b. 1943)

Symphony Nr. 1 ¨Da pacem Domine¨

Sydney Symphony Orchestra

Dir:  David Porcelijn

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     Excelente introducción al sinfonismo australiano contemporáneo.

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M-S.





lunes, 31 de agosto de 2020

Vaughan Williams: Fantasía Tallis.


Ralph Vaughan Williams

-FIVE VARIANTS OF ¨DIVES AND LAZARUS¨

-NORFOLK RHAPSODY Nr. 1

-IN THE FEN COUNTRY

-FANTASIA ON A THEME BY THOMAS TALLIS

The New Queen´s Hall Orchestra.

Dir: Barry Wordsworth

(ARGO)

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     Complaciendo peticiones con un magnífico disco que incluye algunas de las obras más populares y conocidas de RVW, incluyendo ¨Dives and Lazarus¨, publicada anteriormente y disponible también en el álbum doble de Decca.

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M-S.


miércoles, 12 de agosto de 2020

#Beethoven250: El Emperador.

 

Ludwig van Beethoven

PIANO CONCERTO Nr. 5, Op. 73, ¨EMPERADOR¨

Maurizio Pollini, Piano.

Wiener Philharmoniker

Dir: Karl Böhm.

(DG)

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   El Concierto Emperador fue compuesto entre febrero y octubre de 1809. Las vicisitudes de las guerras napoleónicas hicieron sin embargo que el estreno tuviera que esperar hasta 1811 cuando el pianista Friedrich Schneider lo estrenara en Leipzig. Es la última obra para piano y orquesta del compositor.

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   No se tiene certeza de cómo llegó el nombre de ¨Emperador¨ al concierto, pues Beethoven no se lo puso. El año 1809 fue el año de la ocupación napoleónica de Viena y desde el estreno de la ¨Eroica¨ el compositor había cambiado sus conceptos referentes a Bonaparte. Los aspectos grandilocuentes y pasajes marciales del concierto sin embargo parecen hacer referencia a éstos hechos históricos.

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   El Concierto Nr. 5 establece un punto de inflexión en la trayectoria creativa de Beethoven, pues a partir de ésta época su estilo cambia, abandonando la convencional forma concertante de oposición de dos fuerzas por otras más abstractas que evolucionarían hasta el vanguardista lenguaje de sus últimos cuartetos de cuerdas. La forma concertante dejó de ser adecuada para su lenguaje y estilo.

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   Como sucede en el resto de los conciertos ya presentados, al Nr. 5 le hacen honor varias grabaciones de leyenda. La preferida de quien escribe es la incontestable lectura de Maurizio Pollini, hecha con el acompañamiento de la Filarmónica de Viena, bajo la batuta de Karl Böhm. Grabación que roza la perfeccción en cuento a ideales interpretativos, filosóficos y sonoros: Beethoven en su más pura y cristalina expresión.

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M-S.


lunes, 27 de julio de 2020

#Beethoven250: Sinfonía Pastoral.


Ludwig van Beethoven
SYMPHONIE Nr. 6, Op.68, ¨PASTORALE¨
Wiener Philharmoniker.
Dir:  Karl Böhm.
(DG)
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    La Sinfonía Pastoral es una de las obras más hermosas no sólo de toda la creación beethoveniana, sino de todo el repertorio sinfónico. Su concepción está definitivamente volcada al romanticismo, con alcances programáticos que anuncian al Poema Sinfónico inaugurado por Liszt. La Pastoral fué compuesta en 1808 y estrenada por el compositor el 22 de diciembre de ese año, en el mismo concierto que incluía el estreno de su inmediata predecesora, la Quinta. 
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    La Pastoral comprende ideas musicales asociadas a elementos de la naturaleza y del campo, sin pretender ser un pictórico al estilo de Mendelssohn, ni un narrador descriptivo a la manera de la posterior Sinfonía Alpina de Richard Strauss. Según palabras del propio Beethoven ¨se debe permitir que el oyente descubra las situaciones por sí mismo... la gente no necesitará de títulos para reconocer que la intención general es más una cuestión de sentimientos que de pintura sonora¨.
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    En cuanto a grabaciones, por supuesto es de esperar que todo gran intérprete beethoveniano haya dejado su registro de ésta singular partitura. Entre las más notables se pueden mencionar la inmortal grabación de Bruno Walter con la Sinfónica de Columbia, la primera hecha por Kurt Masur con la Orquesta Gewandhaus y la mundialmente aclamada por la crítica a cargo del maestro alemán Karl Böhm al frente de la Filarmónica de Viena, seleccionada para la presente publicación.
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M-S.

lunes, 20 de julio de 2020

Todo Rach: Piano Concerto Nr. 4


Sergei Rachmaninov
Piano Concerto Nr. 4, Op. 40
Arturo Benedetti-Michelangeli, Piano
Philharmonia Orchestra.
Dir: Ettore Gracis.
(EMI)
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    Entrega del último concierto para piano de Rachmaninov.
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    Rachmaninov completó su cuarto concierto para piano en 1926. Han pasado más de quince años desde el estruendoso e incontestable éxito de su olímpico Concierto Nr. 3 y ya era bastante difícil superar semejante cota. Rachmaninov se decantó por un concierto más personal, el más abstracto y modernista de los cuatro, con usos inéditos y vanguardistas de los recursos de la tonalidad (es sin embargo la década del Wozzeck de Alban Berg, Les Noces de Stravinsky, el primer concierto de Bartók ó las Variaciones para Orquesta de Schönberg) lo cual puede explicar el escaso éxito de sus primeras presentaciones, llevando al compositor a revisarlo en tres ocasiones.  Para los conservadores el concierto debe haber parecido demasiado audaz y abstracto, pero para la vanguardia la obra seguía siendo ¨muy siglo XIX¨. La obra comparte características tonales y anímicas con el resto de partituras del último período de vida artística del compositor, la Rapsodia Paganini, la Sinfonía Nr.3 y las Danzas Sinfónicas. La versión final del Op. 40 quedó lista en 1941 y fué la ejecutada por el compositor el 20 de diciembre de 1941, secundado por la Orquesta de Filadelfia y bajo la batuta de Eugene Ormandy.
    La grabación del compositor es modélica en cuanto a la forma de abordar los retos de ésta genial partitura, sin embargo dentro de las grabaciones posteriores, de estudio y en mejor sonido, la realizada para EMI por Arturo Benedetti-Michelangeli y la Orquesta Philharmonia bajo la batuta de Ettore Gracis, cuenta por lo general con la aprobación casi unánime de la crítica especializada como grabación de referencia.
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M-S.






domingo, 12 de julio de 2020

#Beethoven250: Coriolanus, dos versiones.


Ludwig van Beethoven
CORIOLANUS, Ouvertüre, Op.62
Wiener Philharmoniker.
Dir: Leonard Bernstein.
(DG)
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CORIOLANUS, Op.62
Berliner Philharmoniker
Dir: Herbert von Karajan.
(DG)
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   Como bien es sabido, Beethoven no fué un compositor operístico, y aunque tiene un solo título en éste género, FIDELIO, bien valorado y establecido en el repertorio actual, su único esfuerzo culminado no logra los alcances de una opera mozartiana, de una opera de Rossini ó de Weber.
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   Así entonces, la mayoría de oberturas creadas por el sordo de Bonn fueron destinadas a secuencias incidentales de textos literarios (música incidental). Probablemente Coriolanus, basada en el drama de von Collin, sea musicalmente la más lograda desde el punto de vista dramático y de técnica de composición. Sus alcances son veladamente programáticos y de clara tendencia romántica, anunciando las oberturas de Schumann y los Poemas Sinfónicos de Liszt.
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   La obertura fué compuesta en 1807, destinada a ser compaginada con la entonces bien conocida tragedia ¨Coriolanus¨ del dramaturgo Heinrich Joseph von Collin. Fué estrenada ese mismo año en la residencia del Príncipe Lobkowitz, y aunque el drama de Collin está olvidado, la obertura sí se ha hecho inmortal.
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   Grabaciones de la obra existen en sinnúmero, todo director considerado beethoveniano ha dejado su testimonio en ésta partitura, sin embargo de entre varias de las grabaciones famosas que existen, algunas adolecen de no seguir las indicaciones rítmicas y métricas señaladas por Beethoven (Furtwängler, Reiner, Klemperer). Las grabaciones más recientes han tenido la tendencia a ralentizar los tiempos, dando margen a que los momentos de tensión y drama afloren, así como las pausas calculadas.
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   Les presento dos grabaciones famosas y relevantes y que bien valen la pena ser comparadas. En primer lugar Leonard Bernstein con la Filarmónica de Viena. Grabación expansiva, cautivante y atenta a la persecución del drama incidental, con un sonido orquestal adecuadamente empastado, rubatos moderados y menos atento al detalle fatuo, elementos típicos del Bernstein maduro, mucho más interesante que el impetuoso joven de sus años al frente de la Filarmónica de New York.  En seguida y en contrapropuesta, la grabación de Herbert von Karajan del año 1966 al frente de su Filarmónica de Berlín. Grabación modélíca, con una orquesta de brillo diamantino, ejecución precisa, detallada, y aunque la duración de la ejecución es prácticamente similar a la de Bernstein, los momentos de drama y tensión parecieran ir a expensas de una agilidad superior de los berlineses. Sin duda la mejor de cuantas grabó Karajan y quien luce menos interesante en sus grabaciones posteriores de la obertura. Comparación por demás cautivadora, considerándose dos directores en cierto modo antítesis y rivales.  En archivo anexo las dos grabaciones en cuestión.
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M-S


lunes, 29 de junio de 2020

#Beethoven250: Piano Concerto Nr. 4.


Ludwig van Beethoven
PIANO CONCERTO Nr. 4, Op. 58
Leon Fleisher, Piano
The Cleveland Orchestra
Dir: George Szell.
(CBS)
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   Siguiendo con nuestro jubileo beethoveniano, con el maravilloso Concierto Nr. 4, probablemente el mejor, el más íntimo, lírico, personal y enigmático de los cinco que compuso el genio de Bonn.
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   A pesar de sus ribetes mozartianos, es un concierto absolutamente beethoveniano, en línea continuadora con la Sinfonía Eroica, mostrario del asombroso poder creativo del compositor, con giros y cadenzas que lo colocan definitivamente en el ámbito del concierto romántico. Los más de 15 minutos de duración del primer movimiento son algo absolutamente inusual para la época.
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   El Op.58 fué compuesto entre 1805-06 y no existen copias autógrafas de la partitura. El mismo fue estrenado en concierto privado en la residencia del Príncipe Lobkowitz. Sin llegar a tener la popularidad de conciertos con el Nr.1 ó el Nr.5, es una que con los años ha venido conquistando el lugar que le corresponde, calificando como uno de los mejores conciertos para piano de todo el repertorio. La asombrosa poesía que es desplegada a su vez con ese nivel de economía espartana (un diálogo de Orfeo y las Furias, de acuerdo a palabras de Franz Liszt) se puede calificar como uno de esos momentos más sublimes de toda la literatura musical occidental.
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   Grabaciones hay suficientes como para recomendar con un A1. Siendo difícil quedarse con sólo una, me decanto en ésta oportunidad por una de las más redondas, la registrada por la dupla León Fleisher/George Szell con la célebre Orquesta de Cleveland.  En ésta oportunidad la emotiva inspiración de Fleisher logra doblegar la usual frialdad técnica del director húngaro para lograr una ejecución hermosamente equilibrada, comprometida, sin rutina pero también sin manierismos. Un alto pico para todo ese espléndido ciclo grabado en Cleveland.
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M-S.

 



viernes, 26 de junio de 2020

Böcklin en la Música.



Felix Woyrsch  (1860-1944)
3 BÖCKLIN PHANTASIEN, Op. 53
Oldenburgisches Staatsorchester
Dir: Thomas Dorsch
(CPO)
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   La Isla de los Muertos (Die Toteninsel, 1880), es una pintura del genial artista suizo Arnold Böcklin. Obra que ha causado fascinación en diversas personalidades, desde políticos pasando por poetas y llegando por supuesto hasta los músicos. El propio Böcklin hizo cinco versiones del cuadro, de las que sobreviven cuatro (uno fué destruido durante los bombardeos a Rotterdam en la II Guerra Mundial). Probablemente la versión mejor lograda es la que se encuentra en la Galería Nacional de Berlin.  En cuanto a inspiración musical, no sólo Rachmaninov expresó su fascinación por ésta pintura a través de su Poema Sinfónico del mismo nombre (ya presentado en nuestra serie Todo Rach), sino existen otros compositores que han hecho su homenaje respectivo a Böcklin. Así contamos con el compositor sueco Andreas Hallén (el primero en parafrasear en música a ésta obra en 1888) con su Poema Sinfónico ¨Die Toteninsel¨ y que probablemente luego aportó ideas a Rachmaninov... Luego  el austríaco Karl Weigl compone su Fantasía para Piano ¨Die Toteninsel¨ (1903).  En 1908, Rachmaninov, a través de una réplica del cuadro compone su respectivo Poema Sinfónico, la obra más famosa al día de hoy alegórica al cuadro de Böcklin. Ese mismo año el compositor alemán Felix Woyrsch concluye sus ¨Fantasías Böcklin¨ con una de sus partes dedicada a la Isla de los Muertos. En 1909, el compositor Heinrich Schulz-Beuthen compone su Poema ¨Die Toteninsel¨ para gran orquesta. Y finalmente, en 1913, el gran Max Reger compone su serie de cuatro poemas ¨Böcklin-Suite¨ con uno de ellos  llamado ¨Die Toteninsel¨, en referencia al cuadro.  
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    Aparte de las versiones compuestas por Rachmaninov y por Reger, las demás son prácticamente desconocidas, pero afortunadamente cuentan ya con grabaciones disponibles en YT para su conocimiento. Publicaré la versión en tríptico de Felix Woyrsch, musicalmente más importante a mi juicio después del Poema de Rachmaninov y de la Suite de Reger.
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M-S.



    La Isla de los Muertos (versión Böcklin de Berlín)

domingo, 21 de junio de 2020

#Beethoven250: La Quinta.


Ludwig van Beethoven
SYMPHONIE Nr. 5, Op. 67
Wiener Philharmoniker
Dir: Carlos Kleiber.
(DG)
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    Continuando con nuestro año del jubileo beethoveniano con una de sus obras cumbre.
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  Como había señalado en la entrega anterior referente a la Quinta de Tchaikovsky, es desde Beethoven que se establece ese número ordinal de la Quinta como el número cabalístico, esa sinfonía que establece el punto de inflexión y que no puede sino ser un gran testimonio en todo gran sinfonista que se precie de serlo. La Quinta beethoveniana marca la inflexión en toda la trayectoria artística del compositor, quedando hasta nuestros días como la sinfonía más popular, más interpretada y grabada de todo el repertorio, prácticamente no quedando ningún gran director que no haya dejado su testimonio interpretativo de ésta obra.
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   La Quinta fue empezada a bosquejar por Beethoven desde 1804, comenzando formalmente a componerla en 1806 y finalizándola en noviembre de 1808. La misma fué estrenada en el Theater an der Wien (Viena) el 22 de diciembre de 1808, bajo la dirección del compositor. La obra se decanta definitivamente por las características de la sinfonía romántica, escrita en forma cíclica, con una orientación programática de contenido filosófico (Sinfonía del Destino) y el uso de un tema, el del destino, el que da apertura a la sinfonía, que sin ser un leitmotiv formal (como en la 5ta de Tchaikovsky) el compositor logra introducirlo subrepticiamente en todos los movimientos de la obra. La gigantesca popularidad de la obra aún hoy es motivo de debate, pero tal vez el fuerte impacto emocional, rítmico, sonoro y emancipador que induce en el escucha sea una de las razones del fenómeno. Las adaptaciones del inolvidable tema de apertura a otros géneros musicales como el Pop y el Rock, así como su uso en el cine, han contribuido a perpetuar la épica.
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    No es de extrañar que la discografía de la Quinta tienda a infinito. No es la primera vez que en éste Blog se han publicado grabaciones del Op. 67. Entre grandes hitos discográficos se pueden mencionar las grabaciones de Furtwängler, Bruno Walter (Columbia), Fritz Reiner en Chicago, Otto Klemperer (Philharmonia, 1955), Franz Konwitschny (Gewandhaus), George Szell (Cleveland), la maravillosamente idiosincrática de Stanislaw Skrowaczewski y la muy especial de Igor Markevitch, ya publicada con anterioridad. Sin embargo de entre ésta inmensa pléyade, resalta una que por unanimidad entre la crítica logra todos los estándares de ideal interpretativo, en cuanto a calidad artística y calidad sonora. Esa grabación es el legendario registro del igualmente legendario Carlos Kleiber, al frente de la Filarmónica de Viena, hecha en 1975 para el sello Deutsche Grammophon, grabación que habla por sí sola y que no necesita de argumentos para defenderla. La misma ha estado siempre editándose, primero en LP, luego al CD, luego al SACD e incluso actualmente disponible en formato BluRay Audio, privilegio que comparte con pocas grabaciones. Sin más, una excelente introducción para quien no conozca la obra y la elección para quien quiera disponer de sólo una en su discoteca.
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M-S


           
               Portada del LP original (1975)

domingo, 14 de junio de 2020

Kalinnikov: Dos Intermezzos.



Vassily Kalinnikov
TWO INTERMEZZI FOR ORCHESTRA
London Symphony Orchestra
Dir: Neeme Järvi.
(CHANDOS)
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  Retomando la actividad del Blog con dos maravillosas miniaturas orquestales compuestas por el compositor ruso Vassily Kalinnikov, uno de esos genios tristemente truncados por una corta vida, como Pergolesi, como Mozart, como Schubert, como Bizet.
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    A pesar de su corta vida, arrebatada a los 34 años por la tuberculosis, Kalinnikov dejó una lista de obras nada despreciable, que incluye dos sinfonías y otras obras orquestales, una opera inconclusa, numerosas canciones y obras de piano y cámara. Sus dos Intermezzi corresponden al último período de su vida y son un excelente mostrario de su arte e ingenio para la orquestación, mostrando importantes influencias de Glinka y de Borodin. 
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    Al maestro estonio Neeme Järvi debemos una de las pocas grabaciones disponibles de éste par de maravillas que hoy presentamos de un compositor que sin duda merece ser más conocido.
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M-S.









domingo, 31 de mayo de 2020

#Beethoven250: Triple Concierto.


Ludwig van Beethoven
TRIPELKONZERT, Op. 56
Mstislav Rostropovich, Cello
David Oistrakh, Violin
Sviatoslav Richter, Piano
Berliner Philharmoniker
Dir:  Herbert von Karajan.
(EMI)
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   Continuando nuestra celebración a Beethoven, con una de sus obras concertantes más hermosas, su Triple Concierto, para cello, violín y piano.
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   Pocas veces en un disco se ha logrado reunir semejante constelación de artistas como se hizo acá para grabar éste concierto. Los tres artistas más renombrados al momento para sus respectivos instrumentos, Rostropovich, Oistrakh y Richter, secundados por la batuta más famosa del mundo, con resultados a la altura de las exigencias. Un disco esencial para cualquier discografía beethoveniana y que hoy les comparto.
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M-S



domingo, 24 de mayo de 2020

Todo Tchaikovsky: Quinta Sinfonía (I).




      TCHAIKOVSKY.  SINFONÍA Nr. 5, Op. 64

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   Después de un larguísimo interregno sin dedicarme a la serie ¨Todo Tchaikovsky¨, he decidido continuarla en medio de éstos raros tiempos de confinamiento planetario y con la obra que correspondía al momento de hacer la pausa, la que tal vez sea la obra más importante de toda la producción orquestal del gran trágico ruso, la Sinfonía Nr. 5, Opus 64, su ¨Sinfonía del Destino¨, nada más y nada menos que LA QUINTA, ese número cabalístico que desde Beethoven no puede ser ninguna fruslería en ningún gran sinfonista que se precie de serlo, y como lo han establecido desde Beethoven sucesores como Schubert, Dvorak, Bruckner, Mahler, Prokofiev, Myaskovsky, Shostakovich y Vaughan Williams. Nuestro gran Don Pedro no podía ser la excepción.
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   Tal ha sido mi veneración personal por ésta obra desde muy joven que tal vez ésta larga procrastrinación ha sido algo de temor a escribir sobre ella y que no quede a la altura de la misión,  pero aunque seguramente así sea, he decidido hacer el intento desde hace algunas semanas.
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    La Sinfonía Nr. 5, en Mí menor, Opus 64 fue comenzada a componer por Tchaikovsky en mayo de 1.888 y finalizada el 26 de agosto del mismo año. El compositor dirigió el estreno en San Petersburgo, el 17 de noviembre de 1.888.  Para éste momento la fama y reputación de Tchaikovsky estaban bien establecidas, en su tierra natal pero también en occidente; acababa de regresar de una gira triunfal por varias ciudades europeas, pero sentía que esa fama era aún atribuida a obras ya remotas como su exitosa Cuarta Sinfonía, por lo que en su necesidad de componer decidió embarcarse en el nuevo proyecto de la Quinta. Aunque las tres últimas sinfonías de Tchaikovsky constituyen, intencionalmente ó no, una suerte de trilogía del destino, el destino como tema central se hace patente en la Quinta, donde en todo su transcurso se desarrolla incorporado a la trama musical con un programa no confeso, como una confrontación permanente entre el hombre y su destino, y donde un final abierto nos pone a decidir quien triunfa, si el destino sobre el hombre ó el hombre sobre su destino, dudas que parecieran dilucidarse en su última sinfonía, la Sexta.
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   La Quinta va en la tradición romántica de al menos tres predecesores importantes:  Beethoven, Berlioz y Liszt.  De Beethoven hereda la estructura de la gran sinfonía centroeuropea establecida a partir de la Eroica, y que en el caso de Tchaikovsky, aunque el sabor eslavo de todas sus sinfonías es indiscutible, no se trata de obras nacionalistas, y con su propia Quinta comparten ambas (Beethoven y Tchaikovsky) esos esbozos tonales de contenidos filosóficos y declamatorios (Sinfonía del Destino) así como una estructura cíclica. De Berlioz, ya influyente fuertemente en Tchaikovsky desde la composición de Manfredo, recoge la secuencia sinfónica episódica y autobiográfica con rasgos de teatralidad, así como el uso del leitmotiv, que en el caso de la Quinta tchaikovskiana, el tema fijo por supuesto representa al destino en distintos escenarios de confrontación con el hombre-objeto, en el primer movimiento nostálgico y lacerante, en el segundo ominoso, en el tercero ensoñador y en el último triunfal y reivindicador de la fe,  pero que en conclusión representa a un destino que como un yunque siempre aplasta y se impone al hombre-objeto sin posibilidad de escapatoria, en concordancia con la misma visión que tenía el compositor, romántico e hipersensible, de la vida terrenal. Finalmente, de Liszt recoge el contenido programático de sus poemas sinfónicos y por sobre todo el formidable recurso de la transformación temática. Al haber presentado siempre Tchaikovsky problemas diversos para abordar la forma sonata, la transformación temática se prestaba como una muy valiosa herramienta para sus desarrollos dramáticos e incidentales, ya plasmados en obras anteriores como la Cuarta, Francesca da Rimini y Manfredo.
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    La Quinta representa un mundo diferente al de la Cuarta, los planteamientos conceptuales y filosóficos son más profundos y contrastantes, de igual modo la complejidad de la estructura sinfónica y una orquestación a mi juicio mucho más elaborada (compárese el scherzo de la Cuarta, básicamente un animado pizzicato para cuerdas, con el espectral y lacerante Vals de la Quinta). Como expresa el director Valery Gergiev: ¨La Quinta puede ser la sinfonía más perfecta que alguna vez compuso Tchaikovsky. Nadie espera de las sinfonías de Beethoven que te trasladen a un mundo teatral, pero en Tchaikovsky el escucha de inmediato imagina escenarios y colores que le hacen pensar de inmediato en el Teatro¨.
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    Al haber tan importantes diferencias y tomando en consideración la presión adicional que planteaba la siempre exitosa Cuarta, presente siempre como una sombra, es natural que una personalidad tan insegura, traumada, perfeccionista y autoexigente como la de Tchaikovsky, albergara dudas y más dudas, durante la composición y aún después de concluída.  La recepción tibia del público el día del estreno en Petersburgo no contribuyó a mejorar el sentimiento. ¨Me he convencido de que ésta sinfonía no está lograda…¨ - escribía a su mecenas, Madame von Meck - ¨… Hay algo repulsivo en ella, un cierto exceso de vulgaridad, insinceridad y artificialidad. Y esto el público lo reconoce instintivamente. Me resultó claro que las ovaciones que recibí estaban más dirigidas a mi obra anterior, pero que la sinfonía misma era incapaz de atraerlos del todo, o por lo menos de complacer al público… El darme cuenta de todo esto me provoca una aguda sensación de angustia y de insatisfacción conmigo mismo. ¿Será que ya he agotado mi propia inspiración y ahora sólo soy capaz de repetir y falsificar mi estilo anterior? ¡Ayer por la noche estuve revisando nuestra Cuarta… La Cuarta Sinfonía! ¡Qué diferencia, cuán superior y cuánto mejor es! ¡Sí, todo esto es muy, muy triste!¨. Aún con todo esto, la posteridad puede juzgar y concluir que el solo hecho de lograr completar una obra como la Quinta representa un triunfo determinante, no sólo para el artista, sino también para el hombre.
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   Los estrenos en Occidente corrieron mejor suerte, lo que ayudó a recuperar al compositor la confianza en sí mismo… El estreno en Hamburgo fue un acontecimiento. Johannes Brahms, el Patriarca Brahms, asistió a los ensayos y a excepción del último movimiento, gustó mucho de la obra. Las interpretaciones de la obra en Londres y en los Estados Unidos fueron subiendo de éxito en éxito, haciendo que el compositor cambiara cíclicamente de valoraciones, como le era usual, llegando a manifestar posteriormente "haber caído de nuevo en amor por su sinfonía". El gran Arthur Nikisch, todopoderoso en Berlin, tomó la Quinta como uno de sus caballitos de batalla, lo cual fue un gran impulso para la obra.  En Nueva York, a principios de la década de los 1890’s, Tchaikovsky afirmaría: “Parece como si yo fuera diez veces más conocido en Norteamérica que en Europa. Hay algunas piezas mías que siguen sin ser conocidas en Moscú; aquí las tocan varias veces por temporada y escriben artículos enteros sobre ellas. Han tocado la Quinta Sinfonía en los dos años pasados, ¿no es divertido? En los ensayos los intérpretes me brindaron una acogida entusiasta”.
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   Pocas obras del repertorio sinfónico combinan de la manera en que lo hace el Opus 64 los ingredientes de drama, pasión, misterio, melancolía, canción y melodía en una sola partitura. Ni siquiera la posterior Sexta alcanza a mi juicio éste caleidoscopio sonoro. "Tanto en la idea como en la exposición" - escribe Zhitomirsky -  ¨la Quinta Sinfonía es una variación en el concepto de la Cuarta, pero se materializa con un sentido de unidad y alcance superiores".  A su vez escribe Brown que ¨la Quinta es un avance en equilibrio expresivo, más simétrica en forma y ortodoxa en sus progresiones tonales¨.  Del mismo modo, el experto en Tchaikovsky, John Warrack apela al  ¨uso que hace Tchaikovsky de lo que él llama el tema de la ´Providencia´ como leitmotiv de forma tan característica e ingeniosa, de un modo totalmente diferente al de la Cuarta". Finalmente,  Maes añade que ¨a través de la utilización del leitmotiv en los cuatro movimientos, Tchaikovsky logra una mayor cohesión temática que en la Cuarta¨.  Sólo el final sigue siendo, volviendo a palabras de Warrack, "poco convincente" y "demasiado fácil" (tal vez lo mismo que intuyó Brahms en Hamburgo).
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     La estructura de la Quinta está distribuida en los tradicionales cuatro movimientos de una sinfonía:
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I.-   Andante - Allegro con anima     

II.-  Andante cantábile, con alcuna licenza

III.- Valse: Allegro Moderato

IV.-  Finale:  Andante maestoso – Allegro vivace.
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   En toda sinfonía formal y convencional existe uno de los movimientos que actúa como movimiento-pivote, es decir, el movimiento céntrico, en donde reposa el eje de gravedad del resto de la obra. En él se expresa la idea central del argumento musical con sus mayores desarrollos. Es el movimiento que suele llevar más elaboración en la sinfonía y por lógica suele ser aunque no siempre el primer movimiento. En el caso de la Quinta tchaikovskiana, sin ninguna duda el movimiento-pivote es el primero, pues acá quedan plasmados los principales temas que darán forma al resto de la música y aunque como se ha mencionado, no hay un programa confeso, hay anotaciones al margen que hace el mismo compositor: ¨Introducción. Total resignación frente al destino o, lo que es igual, frente a la inescrutable predestinación de la Providencia. Allegro (I). Murmullos, dudas, lamentos y de nuevo reproches y vergüenza por el pasado. (II) ¿Tendré que arrojarme en brazos de la Fe?¨... En éste primer movimiento, y al igual que ocurre en la Cuarta, la Quinta expresa el tema del destino en su introducción, no del modo arrollador de su antecesora, sino de modo lúgubre, lacrimoso, misterioso, resignado, con registros bajos y oscura instrumentación protagonizada por el clarinete. La orquesta va emergiendo y expresándose in crescendo a medida que avanza el segundo tema hacia un nuevo tema central que es introducido por clarinetes y fagotes hasta lograr el clímax. Dos ideas musicales surgen en el curso del movimiento, con entrada episódica en la forma sonata y maravilloso uso de series fugadas, siempre girando en torno al segundo tema pero con ecos del leitmotiv que turnan de instrumento a instrumento para después de un segundo y tempestuoso clímax dar paso a una conclusión tranquila y lánguida.
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    El segundo movimiento, el más querido, famoso, imitado y parafraseado de la obra a través del tiempo por sus dos memorables melodías, es introducido del mismo modo misterioso y emergente por las cuerdas en registro bajo, dando paso a modo de una ¨romántica serenata bajo la luna llena¨ a cargo del corno solista. El segundo tema surge a manera de dialogo del mismo corno con las maderas, y con una elaborada orquestación conducen a un intenso y apasionado clímax central a cargo de las cuerdas en pleno. A partir de acá la música baja su intensidad apaciblemente hasta el estallido ominoso y sardónico del tema del destino a cargo de los bronces que de súbito desaparece y permite una conclusión tranquila, ensoñada y sosegada del movimiento.
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   El tercer movimiento, un enigmático, espectral y muy sui generis Vals  que sustituye al clásico Scherzo, parece una pieza trasladada de otro mundo. Se trata de un Vals que incluye una sección contrastante en diferente ritmo, una brillante seguidilla a cargo de los violines con inclusión de unos efectistas golpes de timbal y que en conjunto hacen las veces del Trío central para luego ceder paso al Vals original, ésta vez en un ánimo más exaltado. El ritmo intrínseco y atmósfera del Vals imprimen un toque surrealista y de acuerdo a lo que alguna vez leí, "crea la sensación de estar bailando con un fantasma". Los cambios inquietantes en matices y los golpes distantes de los timbales crean una atmósfera permanente de angustia subrepticia. El tema del destino se hace presente hacia el final, dubitativo, brumoso y expuesto por la dupla clarinete-fagot. dando paso a una agridulce coda directa en semifanfarria. Es una experiencia musical única.
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   De acuerdo de nuevo con palabras de John Warrack, el Finale es un ¨final militante¨. La verdadera tempestad, el verdadero enfrentamiento entre hombre y destino se reserva para éste momento, donde el tema del destino, el leitmotiv, se abre paso en modo mayor. Después de varias alternancias de temas con el leitmotiv que van creando una atmósfera de tensión máxima, con ribetes beethovenianos (de nuevo recordamos su Quinta), las trompetas van preparando el terreno para el gran desenlace que se abre después de un final en falsete. La apoteosis, que es el mismo tema del destino, se expresa en toda su amplitud de forma gloriosa, arrollando todo lo que encuentra a su paso. Con el tema transfigurado y glorificado, el compositor, al modo de Henley en su ¨Invictus¨ se hace dueño de su destino y capitán de su alma.
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GRABACIONES. LAS PIONERAS.

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    La Sinfonía Nr. 5 tenía que ser una obra muy afortunada en la discografía y sin duda lo es. Su riqueza melódica, de ritmos y de ánimos, así como su virtuosismo orquestal, le permiten una diversidad de enfoques, que van desde los más líricos (¿occidentales?) hasta los más desenfrenados en pasión incluso rayando en el melodrama y la histeria. Quien escribe no es partidario de un Tchaikovsky neuropático, hiperalgésico e histeriforme. En su Quinta, Tchaikovsky mira más a occidente que al estilo nacionalista de ¨Los Cinco¨, por lo que concebir a ésta obra como una sinfonía eslava es un error. Lamentablemente no se cuenta con una grabación de Nikisch para evaluar su concepción de la obra. Sergei Rachmaninov también la programó con frecuencia en sus apariciones como director pero tampoco existe una grabación. Entre las grabaciones más antíguas, aparentemente la pionera es la de Albert Coates con la Sinfónica de Londres (HMV, 1922), pero luego debemos remitirnos a las hechas por Willem Mengelberg en Amsterdam, entre 1927-29. Frederick Stock también la grabó en Chicago en 1927.  En 1934, Stokowski la grabó en Philadelphia. Luego Barbirolli, Rodzinsky y Beecham hicieron lo propio en 1939.  El legendario Yevgeny Mravinsky, uno de los más asociados a ésta obra y con numerosas grabaciones en su haber, tiene una primera grabación que data de 1948 y de éste mismo año data una grabación famosa y loable de Celibidache. Paul van Kempen grabó en Amsterdam una versión importantísima (1950) con su propio peso específico y de la que hablaremos en la siguiente entrega.  El gran problema con las grabaciones pioneras es el uso deliberado, con frecuencia excesivo de los rubatos y de los recortes indebidos a la partitura que a los oídos de hoy lucen inaceptables. Los directores de la época, considerándose muchos más sabios que el compositor, y considerando seguramente que la obra era muy larga, se tomaron la libertad de recortar aquí y allá a su leal saber y entender, la mayoría de las veces de la forma más chapucera. Es por esto que a mi juicio, no son considerables como referencias.
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    Sin embargo, de entre éstas grabaciones previas a la era stereo, resalta una, no sólo por su respeto fiel a la integridad de la partitura, sino por la clase de lectura que quedó registrada. Se trata del testimonio de un emigrante de ese mismo antíguo imperio ruso, al frente de una orquesta americana, la Sinfónica de Boston, colocada ya en el Top 5 de los Estados Unidos desde que la encabeza. Su nombre: Sergei Koussevitzky. Aunque al día de hoy han salido grabaciones que sobrepasan cualquier estándar, probablemente aún hoy ninguna alcanza el fervor expresado en ésta grabación histórica, con una orquesta incontestable y cada uno de sus departamentos perfectamente ensamblados con el resto, escuchándose con claridad prístina cada una de sus respectivas partes en la partitura, incluso los trombones.  Aunque la calidad del sonido es relativa, es muy buena para ese año, el de 1944 y se puede apreciar en YouTube en un excelente trabajo de remasterización sonora. Koussevitzky toma libertades similares a las que toma por ejemplo Furtwängler en Beethoven ó en Brahms (ritardandi antes de los clímax, ralentización de los temas más líricos, por ejemplo), que acústicamente funcionan y armonizan, con olímpicos tuttis orquestales y pausas que bendicen como el momento de remisión del dolor, sin caer en los excesos de un Mengelberg ó en los rasgos efectistas de insinceridad en que solía incurrir Mravinsky, sin quitarle su genialidad. La grabación de Koussevitzky es única en su clase, una grabación de culto, con momentos de extrema emoción y belleza, con cada pasaje de la partitura tratado con especial énfasis, en sí misma la antítesis perfecta del modo á-la-Mravinsky, y es por eso que la propongo como Isla Desierta de entre la gran pléyade de grabaciones que engalanan a ésta gran sinfonía del repertorio universal.
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   La grabación de Koussevitzky, originalmente del legendario sello RCA Victor, no sólo está disponible en YouTube en excelente sonido restaurado, sino que en formato CD se encuentra incluida en la serie ¨Grandes Directores del Siglo 20¨ en el título dedicado al gran maestro ruso.  Dicha versión es la que hoy les comparto. 
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     En una siguiente entrega haremos una interesante revisión de la discografía comparada de ésta gran obra.  Este escrito está dedicado a mi amigo y contertulio  QUINOFF, quien comparte especial afecto por ésta obra.
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M-S.




lunes, 18 de mayo de 2020

Bloch: el Schelomo de Lynn Harrell.


Ernest Bloch
SCHELOMO, Rapsodia Hebrea para Cello y Orquesta
Lynn Harrell, Cello
Koninklijk Concertgebouworkest Amsterdam.
Dir:  Bernard Haitink.
(DECCA)
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  Como homenaje al recién desaparecido cellista Lynn Harrell, con una de sus más inspiradas grabaciones, su versión de la Rapsodia Hebrea Schelomo, de Ernest Bloch, una de las obras más emblemáticas para éste instrumento.
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  Aunque tal vez la referencia en ésta obra siga siendo el testimonio grabado por la dupla Rostropovich/Bernstein (EMI), ya publicada hacia los comienzos de éste Blog, la versión de Harrell/Haitink logra llegarle palmo a palmo, tal vez con la ligera ventaja del soberbio despliegue orquestal de la Orquesta del Concertgebouw, bajo el mejor Haitink.  Toda una experiencia escuchar ésta grabación, que espero disfruten.
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M-S.



lunes, 11 de mayo de 2020

#Beethoven250: Violin Concerto (Totenberg)


Ludwig van Beethoven
VIOLIN CONCERTO Op. 61
Roman Totenberg, Violin
Poznan Philharmonic Orchestra
Dir:  Stanislaw Wislocki
(HELIODOR)
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  Continuamos con nuestro ciclo homenaje a la obra de Ludwig van Beethoven, en el marco de #Beethoven250, con una de sus obras más queridas e inspiradas.
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  El Violinkonzert, Op.61 es una de las obras más poéticas y aristocráticas de cuantas compuso Beethoven para instrumento solista y orquesta. Quien lo aborda esperando un festín de virtuosismo y acrobacias con el arco va a resultar seguramente decepcionado. Por el contrario, la fortaleza y atractivo del concierto radican en su sobriedad germánica, su nobleza espartana y sus tonalidades aristocráticas, sin caer en los excesos del concierto virtuoso consagrado por Paganini. La obra fué comenzada por Beethoven en 1806 y terminada (para variar) justo antes de su estreno, el 23 de noviembre del mismo año. La Premiére tuvo lugar en Viena, bajo la ejecución del celebrado violinista Franz Clement.
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   Clement era para la época uno de los músicos más virtuosos y celebrados de Viena. Discípulo de Haydn, tuvo una brillante carrera ascendente desde muy joven que lo llevó a tocar y luego dirigir en la Opera Imperial. Beethoven no escapó al grupo de notables que quedó impactado por la maestría de Clement, llegando más adelante a encomendarle la dirección del estreno de la Sinfonía Heroica. Para 1806, fué Clement quien pidió a Beethoven que le aportara un Concierto para Violín, para ser presentado en un importante concierto a beneficio. Beethoven accedió, pues respetaba profundamente a Clement y era uno de los pocos músicos de quien estaba dispuesto a recibir una crítica. El concierto, como era usual en Beethoven, fue concluido a último minuto, con poquísimo tiempo para ensayarlo y gracias a la prodigiosa memoria de Clement, la Premiere se salvó de terminar en desastre. La reacción del público fue tibia, no sólo por los huecos dejados por la improvisación, sino por la longitud del concierto y sus alcances de inusual sinfonismo, elementos inconcebibles para la época. Luego de un par de interpretaciones más, la obra no volvió a ser ejecutada sino hasta 1844, cuando otro prodigio, Joseph Joachim, lo volvió a tocar en Leipzig bajo la batuta de Mendelssohn. El éxito en ésta ocasión fue estruendoso, abriendo la entrada definitiva del Opus 61 en el repertorio estándar de los grandes conciertos para violín.
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     El concierto marca como buena obra beethoveniana hitos históricos en el género, pues introduce innovación. En primer lugar resulta llamativo el despliegue de un gran concierto a partir de una economía musical de simplicidad espartana. El violín siempre mantiene su protagonismo pero sin efectuar lucha ni oposición contra la orquesta, el trabajo en armonía los hacen sinfonizarse. La longitud del concierto, que para la época pudiera haber sido un problema, hoy nos parece promedio al conocer la longitud de un concierto romántico. También a diferencia de otros conciertos, el de Beethoven permite flexibilidad a la hora de incluir cadenzas, desde las originales del compositor, hasta las variaciones personales del propio intérprete, muy resaltante hacia el final del primer movimiento y hacia la coda del último. Hoy en día no queda duda de la absoluta grandeza de ésta obra.
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  Como obra obligatoria del repertorio básico, el concierto cuenta y goza de numerosas lecturas y grabaciones que le hacen total honor. Todo gran violinista ha dejado su huella personal tocando éste concierto. No se pueden dejar de mencionar los inmortales registros de Menuhin con Furtwängler, de Heifetz con Munch, Francescatti con Mitropoulos ó de Perlman con Giulini, incluyendo el preferido de quien escribe, el de Szeryng con Schmidt-Isserstedt, ya publicado hace algunos años en éste Blog. Como novedad y conociendo que por acá rondan admiradores del gran violinista Roman Totenberg, les comparto su interpretación del Opus 61 secundado por el notable director polaco Stanislaw Wislocki, al frente de la Orquesta Filarmónica de Poznán, registro cincuentoso tomado de un raro LP y transferido a mp3 de calidad aceptable.  Lectura diáfana y de gran nobleza, expresiva pero sin amaneramientos. Esperando lo disfruten como lo he disfrutado yo.

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M-S.


jueves, 7 de mayo de 2020

Todo Tchaikovsky: Sinfonías y Discografía Recomendada.


Gennady Rozhdestvensky / Moscow Radio Symphony Orchestra (MELODIYA)   *****/****


Mstislav Rostropovich / London Philharmonic Orchestra (EMI)        *****/*****


Herbert von Karajan / Berliner Philharmoniker  (DG)       *****/*****


Adrian Leaper / Polish Nat Radio Symphony Orchestra (NAXOS)       *****/*****


Michael Tilson Thomas / Boston Symphony Orchestra  (DG)             *****/****


Claudio Abbado / Chicago Symphony Orchestra   (SONY)               *****/****


Igor Markevitch / London Symphony Orchestra  (PHILIPS)              *****/****


Herbert von Karajan / Berliner Philharmoniker  (DG)            *****/*****


Neeme Järvi / Göteborgs Symfoniker (BIS)                           *****/*****


 Claudio Abbado / Wiener Philharmoniker  (DG)                          *****/*****


Gennadi Rozhdestvensky / Leningrader Philharmonie  (BBC Legends)     *****/****



Lorin Maazel / The Cleveland Orchestra  (TELARC)                  *****/*****


Sergei Koussevitzky / Boston Symphony Orchestra  (RCA)           *****/***


Bernard Haitink / Concertgebouw   (PHILIPS)               *****/*****


Josef Krips / Wiener Philharmoniker  (DECCA)                         *****/****


Seiji Ozawa / Boston Symphony Orchestra (DG)                   *****/*****


Herbert von Karajan / Berliner Philharmoniker (EMI)                *****/****


Yevgeny Mravinsky / Leningrader Philharmonie (1982, RD)             *****/****


Paul van Kempen / Concertgebouw  (PHILIPS)                       *****/***


Jascha Horenstein / London Symphony Orchestra (EMI)                   *****/****


Carlo Maria Giulini / Los Angeles Philharmonic (DG)                   *****/*****


Igor Markevitch / London Symphony Orchestra (PHILIPS)          *****/*****


Lorin Maazel / New York Philharmonic  (DG)                          *****/*****


Mariss Jansons / Oslo Philharmonic Orchestra (CHANDOS)                 *****/*****


Vassily Petrenko / Royal Liverpool Philharmonic (NAXOS)                   *****/*****